21 de diciembre de 2025

EL ENVEJECIMIENTO COMO PRÁCTICA ESPIRITUAL. LEWIS RICHMOND. SACERDOTE ZEN. DISCÍPULO DE SHUNRIU SUZUKI.

En cierta ocasión, al término de una conferencia, alguien le preguntó a Shunryu Suzuki, uno de mis maestros budistas:

-Roshi, ha hablado de un montón de cosas sobre el budismo, pero, francamente, no he entendido nada de lo que ha dicho. Dime una sola cosa del budismo que de verdad pueda entender.
Suzuki esperó a que las carcajadas nerviosas cesaran y luego dijo tranquilamente:
-Todo cambia.  
Esta es la primera verdad de las enseñanzas budistas, y también la primera verdad del envejecimiento. 
Cuando Suzuki dijo: "Todo cambia", perfectamente podría haber dicho " Todo envejece ".
El envejecimiento no es tan sólo cambio, sino un cambio irreversible; nos guste o no.
Yo aventuro que el envejecimiento es el momento ideal para cultivar la vida interior: un momento para la práctica espiritual.

Había ido a un pequeño templo budista de San Francisco para asistir a una conferencia de Shunryu Suzuki. En aquella época Suzuki era un sexagenario, y la mayoría de los presentes en la sala tenían entre veinte y cuarenta años. En la ronda de preguntas y respuestas alguien preguntó: -¿Por qué meditamos? Suzuki soltó una carcajada y respondió: -Para poder disfrutar de la vejez. Nos reímos con él. Pensamos que bromeaba. Ahora me doy cuenta de que estaba siendo sincero. Había pasado todo el invierno anterior enfermo y meses más tarde todavía tosía y resollaba. Físicamente no se encontraba bien y, sin embargo, todo su porte irradiaba satisfacción. Saltaba a la vista que disfrutaba de su avanzada edad. 
Ahora creo que, en realidad, Suzuki estaba revelándonos un gran secreto: que es posible encontrar gozo en el don de cada instante y cada respiración, incluso en medio de las tribulaciones.

No mucho tiempo después de aquella conferencia Suzuki falleció. Fue solo entonces, a medida que afloraron los detalles de su vida, que descubrimos que ésta había estado sembrada de tragedias. Y, sin embargo, él no lo exteriorizaba ni se dejaba hundir por ello. Afrontaba con bondad y sonrisa fácil lo que la vida le deparaba. Su ejemplo ha sido la inspiración de toda mi vida y la piedra angular de la redacción de este libro.
Del libro “El envejecimiento como práctica espiritual” (en español traducido con el desafortunado título de “El tercer acto de tu vida”). Lewis Richmond. Ediciones Urano.  

Lewis Richmond: Zen y el arte de envejecer con gracia (activar subtítulos en español). 58': https://www.youtube.com/watch?v=t-iSWLulhuM


 

29 de noviembre de 2025

EVASIÓN ESPIRITUAL. FRANK OSTASESKI.

Conozco a personas con mucha experiencia en la meditación que entienden muy bien su cuerpo, pero no su vida emocional; otras comprenden la mente pero ignoran su cuerpo por completo. Sé de practicantes que pueden sentarse en silencio días enteros pero que tienen limitadas habilidades interpersonales; otros tienen un amor universal por todos los seres pero son incapaces de amarse a sí mismos o a los demás en una forma personal.

Mi amigo John Welwood, el psicólogo que acuñó el término evasión espiritual.         
Debo admitir que al principio yo también me servía de la meditación para escapar del enredo del conflicto relacional en mi pasado. Ponía mucho esmero en mis sesiones de meditación. Desarrollé amplias facultades de concentración, lo que en retiros intensivos daba origen a estados de increíble paz y arrobamiento. Me sentí orgulloso de mis logros.
Pero cuando los retiros terminaron, pronto me dio cuenta de que no era más feliz. Me desilusionaba descubrir que las heridas sin sanar, los traumas sin explorar y los conflictos de mi vida continuaban esperándome cuando regresaba a casa. 
La concentración intensa no produce lucidez por sí misma.

Durante los retiros, me agradan los encuentros individuales con participantes en los que ellos comparten sus experiencias de meditación. La personalidad de Margie juzga con aspereza su práctica de meditación e insiste en que nunca nadie había meditado tan mal como ella. Barry tiene una evidente sensación de superioridad e intenta hacerlo todo con un poco más de atención que los demás. Jasón llena sus diarios de brillantes ideas, pesadas anécdotas humorísticas y una “cadena dorada” de percepciones, en lugar de meditar caminando. Jeanette se pierde en la indecisión, en el pensamiento de todo o nada. Charlotte admite que se escabulle del retiro para ir a comprar helado, ya que su personalidad insiste en que necesita una pausa. Jeremiah se queja de que la meditación no le ayuda a resolver las dificultades de relación con su esposa. Yo soy todos ellos. 

Yo he tenido que equilibrar la práctica espiritual con una buena psicoterapia, trabajo somático, orientación del dolor y otros medios de exploración.  
Hoy en día me refiero a mi práctica de conciencia plena como “una práctica de intimidad”. A nosotros mismos, a los demás y a la muerte no podemos conocerlos de lejos; esta tarea es próxima y personal.

Zazen y charla: Intercambio de Dharma con Frank Ostaseski, Roshi Joan y Sangha: Sobre el encuentro con la vida, la muerte...  (activar subtítulos en español):
https://www.youtube.com/watch?v=OXTGlZeoLnA




9 de noviembre de 2025

JÔSHÛ. MAESTRO ZEN CHINO DE LA DINASTÍA TANG.

Jôshû (en chino Chao-Chou) (778-897) vivió en el siglo de oro del zen, los últimos años de la dinastía T'ang. Fue uno de los maestros zen más famosos de China, superando a todos sus coetáneos en espontaneidad y creatividad. Fue ordenado monje siendo muy joven ya los dieciocho años ya tuvo kensho. A continuación comenzó a peregrinar. Así se encontró con el maestro Nansen. Cuando Jôshû ya tenía cincuenta años, al escuchar las palabras de Nansen “la mente ordinaria es el camino” tuvo una gran iluminación.  
Cuando murió Nansen, Jôshû ya tenía sesenta años. Dejó el monasterio y comenzó una vida de peregrinación que duró veinte años en la que visitó a otros maestros.
Por fin se descubrió en un pequeño templo en la capital provincial de Jôshû, no muy lejos de Pekín. Allí estuvo enseñando de los ochenta a los ciento veinte años de edad, y de allí le viene su nombre.
Extraído del libro “Biografías de maestros zen”, de Ana María Schlüter.     


Un monje dijo a Jôshû: “El puente de piedra de Jôshû es famoso en todo el mundo, pero al llegar aquí no veo más que una pasarela de madera”.
Jôshû contestó: “Tú no ves más que una pasarela de madera y no ves el puente de piedra”.
El moje: “¿Qué es el puente de piedra?”
Jôshû: “Deja pasar a burros ya caballos”.
 
“¿Conociste a Nansen?”, le preguntó un monje lleno de admiración.
“En Shin-chou (el distrito donde reside) crecen grandes nabos”, contestó Jôshû.
 
Un monje preguntó a Jôshû: “¿Qué dirías tú si yo viniera a donde ti con nada?”
Jôshû respondió: “Lánzalo al suelo”.
El monje protestó: “Yo he dicho que no tenía nada, entonces, ¿qué es lo que tengo que soltar?”
“Bien, en este caso llévatelo”, fue la contestación de Jôshû.
 
Jôshû fue preguntado en cierta ocasión por un monje: “Todas las cosas son reducibles a la unidad, ¿a qué se reducirá, pues, este uno a su vez?”.
La contestación del maestro fue la siguiente: “Cuando yo me hallaba en el distrito de Tsin, poseía una indumentaria monacal, que pesaba siete chin”.
 
Un monje, aún novicio, se acercó a Jôshû y le rogó tuviera a bien irle adoctrinando en el zen.
Jôshû dijo: “¿Hoy todavía no has desayunado?”.
El monje respondió: “Sí señor, acabo precisamente de hacerlo”.
“¡Entonces, lava tus tazas y escudillas!”, contestó Jôshû.
 
 
Un día barría Jôshû el suelo, cuando un monje le preguntó: "Vos sois un maestro tan sabio y santo. Decidme, ¿cómo es posible que se forme polvo en vuestro patio?".
El maestro repuso: “Él viene de fuera”.
 
Cuando Jôshû fue preguntado qué importancia atribuía a la aparición de Bodhidharma en el Oriente, respondió: “El ciprés en el patio”.
“Tú hablas”, repuso el monje, “de un símbolo objetivo”.
“No, yo no hablo de un símbolo objetivo”, respondió.
El monje prosiguió interrogando: “¿Cuál es, pues, el principio fundamental del budismo?”.
“El ciprés en el patio”, respondió de nuevo Jôshû.
 
Cuando se le preguntó a Jôshû qué era el zen, respondió: “Hoy está nublado y no contestaré”.
 
Al ser interrogado Jôshû sobre la “primera palabra”, tosió.
El monje observó: “¿Esto no se trata de aquello?”
“¿Por qué? ¿A un viejo no le está permitido toser?”. Esta fue la rápida réplica del maestro.
 
Jôshû estaba barriendo el patio y un monje le preguntó: “¿Cómo es que una mota de polvo entró en este suelo santo?”
A esto respondió Jôshû: “¡Aquí llega otra!”.
 
Un monje le preguntó: “¿Cómo es que sin el consentimiento paterno uno no puede ser ordenado?”
“¡Qué superficial!”, contestó Jôshû.
“No puedo entender”, respondió el monje.
“¡Qué profundo!”, le replicó el maestro.
 
Un monje preguntó a Jôshû: “¿Qué es el Buda?”.
“Ese que está en la sala”, le respondió el maestro.
Dijo el monje: “El que está en la sala es una imagen, una masa de barro”.
“Así es”, afirmó Jôshû.
“¿Y qué es el Buda?”, insistió el monje.
“Ese que está en la sala”, respondió el maestro.
 
Un monje preguntó a Jôshû: "Cuando el cuerpo se desmorona en pedazos y retorna al polvo, allí mora eternamente una sola cosa. Esto me lo dijeron, pero ¿dónde mora esta cosa única?"
El maestro replicó: “Esta mañana hay otra vez viento”.


13 de octubre de 2025

MATSUO BASHÔ. HAIKU Y ZEN.

Matsuo Bashoo (1644-1694): En su juventud trabajó con un señor feudal; a su muerte, abandonó la vida de samurái y se trasladó a Edo, donde empezó a escribir y adoptó el nombre de Bashô (banano) cuando se fue a vivir a Bashô-an (la ermita del banano), en Fugakawa. Se formó en el haiku con el maestro Kitamura Kigin, de la escuela Teitoku. Estudió
zen con el maestro Bucchó. Sus primeros poemas son intrascendentes y ligeros, pero a partir de su práctica zen Bashô busca una mayor trascendencia para su poesía, le añade hondura, y convierte sus haikus en la poesía de la naturaleza, del silencio, de lo ordinario, del instante. Viajó mucho y registró numerosos diarios de sus travesías. Escribió unos 2.000 haikus. Consecuente con el camino del haiku que él funda, Bashô será durante toda su vida un constante peregrino, de vida ascética y pobreza material. Así puso en práctica el espíritu de los antiguos en su vida diaria. Lo que le hace uno de los más grandes poetas del mundo –en frase de Blyth- es el hecho de que vivió la poesía que escribió, y escribió la poesía que vivió. 

Duerme al raso 
y entenderás mis haikus. 
Viento de otoño. 

Se cuenta que Bashô, el gran maestro del haiku, estaba un día sentado en la orilla de un viejo estanque que había junto a la cabaña en la que vivía, cuando recibió la visita de Bucchô, su maestro zen, acompañado de algunos poetas. En un momento determinado, el maestro le instó a responder a la pregunta de cuál era el camino de Buda. La respuesta de Bashô, cuando en ese instante saltó una rana, fue: 

El viejo estanque;                   古池や (Furu ike ya) 
se zambulle una rana:             かわず飛び込む (kawazu tobikomu)
el sonido del agua.                  水の音 (mizu no oto).
 
Bucchô aprobó la comprensión del zen de Bashô.
Este haiku es el más famoso de Bashô, y es un haiku histórico. Antes el haiku era más bien un pasatiempo social, un juego de palabras. Bashô, influenciado por la práctica del zen, le añade hondura al haiku.

Más haikus de Bashô con sabor a zen (zenmi):

Siento en el templo                       Seguramente                                      
mi verdadero rostro.                     será como esta tarde                                     
Miró la luna.                                 el otro mundo.    
                                                             
Este camino                                  Los monjes beben 
nadie ya lo recorre,                       el té del amanecer. 
salvo el crepúsculo.                      Flor de silencio.          

Colchón de hielo                     
y unas mantas de viento.
El niño pobre.