12 de octubre de 2026

SOLEDAD 一筋の光 kodoku CRÓNICA DE UN SESSHIN. FÉLIX ARCE.

    Aún no raya el alba cuando el sonido del tambor despierta al zendo. Un tibio día de primavera se insinúa pálido desde el este.

    Seamos leales a nuestro corazón. Confiar, confiar sin más, sin pretensiones, sin expectativas. Perder. Me dejo sumergir en este momento inmenso y breve y me abandono. El misterio se infiltra en mi ser como el tinte que impregna de color la tela entera. Poco a poco. Sin necesidad de sumergirla por completo. El color avanza hilo a hilo.
    Basta tocarte con la yema de mi dedo para que
cada fibra de mi ser resuene con Tu voz.
     
    Paso el samu desgranando espliego en el invernadero. El aroma del espliego y el repiqueteo de las gotas de lluvia en el techo. Sólo eso. Más allá de mis dedos sólo existe el espliego que se deshace, más allá de mi mente sólo las gotas de lluvia que desaparecen.
    ¿Es capaz la razón de reconocer sus límites? ¿Será ese su mayor desafío?
    Para encontrar lo que se esconde, también nosotros debemos escondernos. ¿Se esconde Dios de nosotros?


     
    El té de la noche es breve, preciso. Su sabor resuena en mi boca más allá del instante.
    El zen es un arte. Y como en todo arte hace falta cierta técnica, y práctica.
     
    Sobre el futón escucha el lenguaje de la noche. ¿Quién duerme en esta noche que resuena? ¿Quién escucha? ¿Quién es el que nunca descansa, el que nunca trabaja? Inmarchitable, inagotable.
    Hay dos formas de no gastar una vela: apagarla y mantenernos en la oscuridad, mantener la llama serena, imperturbable.

  

    Hoy la lluvia cede poco a poco y la luz del sol toca la tierra.
     Atarme al koan mu como si de ello dependiera mi vida. Al menos en un za-zen. Lo intento pero mis pensamientos son como lluvia que no cesa. Sigo sentado, contemplando la lluvia.

    ¿Dónde te escondes? Déjame sentir tu presencia, déjame rozarte con mis dedos.
    El reflejo del sol tiembla en una tela de araña mojada por el rocío y un olor a cebolla llega desde la cocina.
    Tras el samu, en el jardín, alguien revuelve su té y por un instante el sol brilla en la cucharilla.
    Sé que estás aquí.

Bebiendo agua,
        todavía en mis manos
       olor a espliego

    Descanso sentado en el zendo antes del za-zen. Enmarcado por la ventana entra el sol hasta la estera del suelo. Estiro mis pies descalzos y siento el calor del sol sobre mi piel. Se extiende a poco por todo mi cuerpo y me reconforta por completo.
    Junto a la ventana pasan mis compañeros. Pasean en silencio sobre la estera, sobre la luz y la sombra.
     Las diminutas motas de polvo flotan en el haz de luz, brillan un instante y desaparecen.

    Lo sabía, algo en lo profundo de mí ya lo sabía. Mientras yo siempre miraba distraído hacia otro lado. “¿Acaso no sentimos ardor en nuestro corazón cuando nos hablaba en el camino?”

    Hoy también luce el sol desde temprano. La lluvia es sólo recuerdo pero sigue aquí, en algún lugar. Perder.

   

    En el samu siego hierba con la hoz. Siento en mi cara el olor y el frescor intenso de las hojas de hierba que mueren.
    La sombra de un palmito se estremece con el viento sobre la hierba, la sombra se hace luz, la luz se hace sombra, la sombra y la luz, la luz y la sombra. Sólo el viento.

    En esta soledad que me estremece, en este momento en el que el mundo calla y las palabras no existen, siento ese ardor en mi corazón. Y compasión por todas las cosas. En estas contadas ocasiones encuentro por fin paz. Y la vida se me va. Y la vida llega a mí.
    Esta sed infinita… Huelo la lluvia pero aún no sé dónde ha caído.

    Durante el zazen varía la intensidad de la luz que se filtra en el zendo. Las nubes en el cielo, los pensamientos en mi mente. Mantengo la mirada fija en un punto sobre la estera. Mantengo la llama imperturbable. El silencio es transparente.

    Sentado en seiza espero mi turno en la fila del dokusan. Miro los calcetines gastados de quien me precede. Un solo corazón nos anima, ahora lo sé. Siento emoción, ganas de abrazar, de decir. Callo. Mi silencio se abraza emocionado con su silencio.

    Durante la comida noto un airecillo a mi espalda cuando pasan sirviendo las mesas. Una satisfacción sencilla y primigenia recorre mi cuerpo. Por un momento vuelvo a saber quién soy.

   En el zazen de la noche un murciélago se une a nosotros en el kinin. Miradas de soslayo y silencio. Abrenoite recorre el zendo vacilante durante un buen rato y después se retira a su reino nocturno. Nosotros, como él, continuamos con nuestro quehacer.

   La última noche. Tras el té cojo zafu y zabutón y salgo afuera. Subo a tientas la colina y me siento en lo profundo de la noche. Respiro. Aquí estoy, aquí estamos todos, aquí está todo.
      

    Las estrellas fugaces flotan en el cielo nocturno, brillan un instante y desaparecen.

    Un murciélago revolotea a mi alrededor, apenas una sombra silenciosa. El zumbido apagado de las colmenas bordonea invisible en el aire.
    De pronto el extraño canto de un animal, quizás un pájaro, como una flauta. Una emoción invade mi cuerpo como una ola antigua. Ese sonido… recuerdo haberlo escuchado hace muchos años, cuando siendo niño acampaba con mis compañeros de colegio junto al río. Esa llamada…. Ahora suena de nuevo aquí, esta noche.
    En verdad esta es la hermosa soledad de mi infancia.

    Ahora, aquí, contemplo la pureza de mi alma.

un halo blanco
          en torno a la montaña,
         la luna…

 

2 de octubre de 2026

NO SABER. BERNIE GLASSMAN. MAESTRO ZEN.

El no saber posible hace posible que aflore cualquier cosa que suceda. Cuando no sabemos, cuando no tenemos expectativas ni ideas fijas sobre algo, entonces todo lo que pasa en un momento dado es justo lo que está pasando.

 
Tan pronto como conocemos algo, evitamos que pase cualquier otra cosa.
 
A nosotros nos gusta utilizar la frase “deja que sea”. La verdad es que no tenemos elección. No importa lo que pensemos, nunca tenemos el control y las cosas pasan como pasan. Pero, en el estado de no saber, vivimos en realidad sin aterrorizarnos a ideas preconcebidas. No hay expectativas de ganancia y tampoco de pérdidas. Solo hay lo que hay en este preciso momento. 
 
Cuando sabes, has llegado a un punto muerto.
 
Y, aún así, queremos saber. De alguna manera, no podemos evitarlo –somos humanos. Como seres humanos, creemos que la razón por la que no somos felices o exitosos es que en algún lugar del mundo hay un trozo de conocimiento que aún no hemos adquirido.
 
Cuando vivimos en el no saber, nos estamos despojando de nuestra armadura. Cada vez que soltamos nuestras ideas fijas sobre nosotros y los demás, soltamos nuestro sistema individual de supervivencia. Porque estos sistemas nos pueden haber ayudado a sobrevivir en el pasado, pero ahora nos están destruyendo. Destruyen nuestra habilidad para actuar espontáneamente, para responder directamente, para cuidar de cualquier situación nueva.
 
Viviendo en el no saber, estamos desnudos. Vamos de una situación a otra, de una persona a otra, de un sistema a otro, y respondemos a cada uno directamente y de una manera adecuada. Un día tenemos un trabajo; el siguiente, no. Un día tenemos nuestra familia alrededor; el otro hemos perdido a alguien que queríamos. Cuando vivimos desde el no saber, no tenemos expectativas sobre lo que pasará y cómo nos sentiremos. Estamos desarmados, vamos de una situación a la siguiente, dando testimonio.

Extraído del libro “Dar testimonio. Lecciones de un maestro zen pacificando”, de Bernie Glassman. Publicado en España por Asociación Zen Dana Paramita
 
The Dude and the Zen Master | Bernie Glassman | Talks at Google(Subtitulado en español):

23 de septiembre de 2026

LA OLA ES AGUA. THICH NHAT HANH.

Desde una perspectiva histórica, la ola parece tener un comienzo y un final. Puede ser, comparada con otras, más alta o más baja. Puede ser más o menos hermosa. Y puede existir o no existir; es decir, puede ser en este momento, pero no en otro. Pero sabemos que solo conectando con la ola más profundamente podremos tocar el agua. El agua es la otra dimensión de la ola, su última dimensión.

Si la ola es capaz en sí misma de contactar con el agua, si puede vivir simultáneamente la vida del agua, entonces no tendrá miedo alguno a las nociones de comienzo y final, nacimiento y muerte, ser y no ser. El estado sin miedo le aportará estabilidad y alegría. Su verdadera naturaleza es la naturaleza del no nacimiento y de la no muerte, del no conocimiento y del no final. Esa es la verdadera naturaleza del agua.
Nosotros somos como la ola y también tenemos una dimensión histórica. Decimos que comenzamos en cierto momento y que acabamos en otro. Creemos que ahora existimos y que antes de nacer no existíamos, pero si somos más estables y libres, podemos llegar a conectar con nuestra verdadera naturaleza, con nuestra última dimensión. Y al conectar con esa dimensión última, nos libramos de todas las nociones que tanto nos han hecho sufrir.
La ola ha sido, es y será siempre agua e ir y venir no son más que construcciones mentales. Nacimiento y muerte e ir y venir no son más que conceptos. Por ello, cuando establecemos contacto con el estado de no-nacimiento y de no-muerte, el miedo se desvanece.
Extraído del libro “Miedo”, de Thich Nhat Hanh.

Cita con la vida. Charla de Thay, Thich Nhat Hanh, del 6 de julio de 2014.
https://www.youtube.com/watch?v=ctkEClHh4rA
 

13 de septiembre de 2026

SHUNRYU SUZUKI. EL ENVEJECIMIENTO COMO PRÁCTICA ESPIRITUAL (V). LEWIS RICHMOND. SACERDOTE ZEN.

Ante la espontánea pregunta de qué pasa cuando morimos, Shuryu Suzuki dijo: “Tranquilo, porque no pasará nada”.

Lo vi morir lentamente. Yo era joven y estaba consternado; nunca había visto a nadie apagarse lentamente. Lo asombroso es que él seguía siendo el mismo de siempre. Reía, bromeaba, paseaba por los alrededores de nuestro centro zen saludando a la gente que se le acercaba y hablaba tranquilamente cuando se tropezaba con alguno de nosotros.
Yo no paraba de pensar cuándo cambiaría, cuándo admitiría aquel horror que estaba a punto de producirse. Nunca lo hizo. Al llegar aquella última mañana, llamó a su discípulo principal. Cuando éste entró en la habitación de Suzuki, el maestro lo miró por última vez, exhaló un último y largo suspiro, y no volvió a respirar.  
Eso fue todo. No sucedió nada especial, porque así es como vivió Suzuki durante toda su vida. Estaba preparado para que cada exhalación fuera la última. 
Cuando llegue la hora, espero poder descansar en la conciencia con su misma sencillez y tranquilidad.




6 de septiembre de 2026

FRANCO BATTIATO Y LA BÚSQUEDA ESPIRITUAL.

“La música que se acerca al silencio es la más cercana a Dios.
 
El silencio es mi condición natural y mi forma de entender la vida. El silencio significa entender lo sagrado de la vida.
 
Suelo ir de vez en cuando a Túnez. Una de las visiones más hermosas que existe es el desierto. No se puede entender lo que hay dentro, porque aparentemente no hay nada, pero hay un sentido de paz, de misterio.
 
Diría que (el sufismo) lo abracé por una cuestión de cercanía, por ese tipo de iluminación que te invade cuando te das cuenta de que has encontrado exactamente lo que estabas buscando… En otras palabras estoy vinculado al sufismo porque he descubierto que mi mundo interior es absolutamente el mismo que el de los místicos sufís.
El sufismo vive en esta paradoja: hacer la vida normal del trabajador y al mismo tiempo buscar la vía mística.
 
Tengo mi propia espiritualidad, mi propia búsqueda de la ascesis, soy un hombre espiritual, pero no tengo parroquia. Ninguna religión me identifica”.
 
Y te vengo a buscar
https://www.youtube.com/watch?v=6WV9kBO4UiA&list=RD6WV9kBO4UiA&start_radio=1
 
“Me siento como una persona extremadamente religiosa… He recorrido los monasterios de todo el mundo, desde Japón hasta la India y en Occidente. Soy un proletario del espíritu, y lo que he encontrado pertenece a todos.
 
El sentido de nuestra existencia terrenal es crecer, llegar a ser seres completos y volver a la unidad”.
 
La sombra de la luz
https://www.youtube.com/watch?v=frT7VaOmmH4&list=RDfrT7VaOmmH4&start_radio=1
“Es una canción que construí pieza por pieza, dentro de una situación de gran calma compositiva. Es un intento de comunicar los temas del alma en un lenguaje corriente. Hoy tengo esa pretensión: componer cantos sagrados.
Creo que esta canción es la cúspide de mi producción.
A principios de los noventa estaba tocando un armonio, improvisando, y la primera frase que me vino a la mente, que no pensé sino que me vino de arriba, fue “Defiéndeme de las fuerzas contrarias”. Apenas acabé de cantar esta frase me detuve. Al día siguiente me vino otra frase. Fue una cosa que duró más de veinte días, casi un mes. El resultado es una canción se llama “La sombra de la luz”, una de las cosas más bellas que he escrito. Y ahí entendí que había una comunicación trascendente.
 
Me gusta cuando canto con una atmósfera un poco espiritual y veo al público que sintoniza perfectamente, esto me interesa más que los aplausos. El aplauso es un ritual. Estoy bien conmigo mismo, no porque me guste mi persona, sino porque el silencio es mi condición natural y mi forma de entender la vida. El silencio significa entender lo sagrado de la vida. Esto es muy interesante. Las cosas materiales carecen de interés para mí”.
 
En la madrugada del 18 de mayo de 2021 a las 5,30 horas fallece Battiato en su casa de Milo, Sicilia. Su amigo Francesco Messina que estuvo a su lado lo recuerda así: “Franco ha dejado este mundo con una sonrisa. Estaba sereno y preparado”.
 
Mi testamento
https://www.youtube.com/watch?v=X93zeJS-RBw&list=RDX93zeJS-RBw&start_radio=1
Un verdadero legado de espiritualidad y de enseñanzas escrito en una canción, tiene mucho de autobiográfico y con su forma de pensar. Después de hacer este disco, un periodista le preguntó cuál sería el legado o testamento que querría dejar y contestó de forma concisa y tajante: “La honestidad”
 
Franco Battiato y la búsqueda espiritual. Antonio García Martinez. Mandala Ediciones.

30 de agosto de 2026

MAGOS Y MÍSTICOS DEL TIBET. ALEXANDRA DAVID-NÉEL.

Louise Eugénie Alexandrine Marie David, más conocida por su seudónimo Alexandra David-Néel, fue una orientalista, cantante de ópera, periodista, exploradora, anarquista, espiritualista, budista y escritora franco-belga.

Viajera indomable, Alexandra David-Neel falleció el 8 de septiembre de 1969 a la edad de cien años. Fue la primera occidental que entró en la ciudad prohibida de Lhasa, la capital del Tíbet, cuando ésta era aún inaccesible a los extranjeros.
Alexandra David-Néel fue nombrada lama y durante su apasionante existencia escribió más de treinta libros acerca de religiones orientales, filosofía y, por supuesto, sobre sus viajes.
 
"Aquel comienzo del día puede aclararnos el carácter de la vida monástica lamaica. En él encontramos las asociaciones heterogéneas que la asamblea matutina deja presentir: filosofía sutil, mercantilismo, espiritualidad elevada, persecución encarnizada de placeres mundanos. Elementos diversos, tan estrechamente mezclados, que en vano se esfuerza uno por separarlos completamente.
Los novicios, educados entre tales corrientes de influencias contrarias, ceden a una u otra, según sus tendencias y la dirección de sus guías
La educación clerical tibetana consigue una pequeña selección de letrados, gran número de holgazanes torpes, de amables y joviales gozadores de la vida y pintorescos vagabundos, más algunos místicos que pasan su vida en las ermitas del desierto en continua meditación.
Sin embargo, la mayor parte de los miembros del clero tibetano no pertenece clara y exclusivamente a una u otra de estas categorías. Más bien llevan ocultos, en potencia al menos, cada uno de esos caracteres. Es evidente que la pluralidad de personajes en un solo individuo no es exclusiva de los lamas del Tíbet, pero la poseen en alto grado, y por eso sus discursos y su conducta son continua fuente de sorpresas para el observador.

Hoy en día, sin embargo, debemos buscar a los místicos y a los magos fuera de los monasterios. Para evitar una atmósfera demasiado impregnada de preocupaciones terrenas, han emigrado a lugares más retirados, de acceso difícil, y el descubrimiento de ciertas ermitas está erizado de dificultades”.
 
Extraído del libro “Magos y místicos del Tíbet”. Alexandra David-Néel.
 




Alexandra David-Neel: Primera exploradora francesa en Lhasa — Documental histórico — AMP:

16 de agosto de 2026

SENDAS DE OKU. MATSUO BASHÔ.

En 1689 Bashô inicia la peregrinación 
que relata en Oku no Hosomichi. Tenía 45 años y el viaje duró dos años y medio, aunque el texto tiene por materia sólo los seis primeros meses. Sendas de Oku es un haibun, es decir, un relato de viajes que combina la prosa poética y el haiku. Es prosa con sabor a haiku.

Así comienza el libro:              
"Los meses y los días son viajeros de la eternidad. El año que se va y el que viene también son viajeros. Para aquellos que dejan flotar sus vidas a bordo de los barcos o envejecen conduciendo caballos, todos los días son viaje y su casa misma es viaje. Entre los antiguos, muchos mueren en plena ruta. A mí mismo, desde hace mucho, como girón de nube arrastrado por el viento, me turbaban pensamientos de vagabundeo. Después de haber recorrido la costa durante el otoño pasado, Volví a mi choza a orillas del río y barrí sus telarañas. Allí me descubrió el término del año; entonces me nacieron las ganas de cruzar el paso de Shirakawa y llegar a Oku cuando la niebla cubre cielo y campos. Todo lo que veía me invitaba al viaje, para esperar ahí el día de la salida”.     
 


Silencio.                                                             
La voz de la cigarra                                          
penetrar las rocas.
Sendas de Oku (Oku no Hosomichi /おくのほそ道) de Matsuo Bashô: 

https://www.youtube.com/watch?v=33CzyW_JFZQ&list=LL&index=5&t=1781s