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1 de octubre de 2013

MAESTROS ZEN: MITOS Y REALIDAD (V). ADYASHANTI. FRANCIS LUCILLE.

Leí en cierta ocasión en un número especial de una revista de historia que dedicaban al budismo, que la creencia que hay en el zen de que su esencia, su verdad, se ha ido transmitiendo de maestro a discípulo desde  el Buda histórico, no es cierta. Lo que el Buda parece ser que dijo antes de morir fue “sed vuestras propias lámparas…”, no nombró a alguien maestro y dijo a sus seguidores que le siguieran.
Tenemos que tener siempre presente esa última recomendación del Buda y dar pasos en esa dirección. Además nosotros no somos japoneses, no vemos las cosas como ellos, y los tiempos y la gente han cambiado mucho. Por todo esto creo que el zen debe hacerse más horizontal, más participativo, más democrático, más abierto. Y si esto no sucede, la cosa no funcionará. Por el contrario, el exceso de verticalidad lo que genera es dependencia, pasividad, falta de iniciativa y espíritu crítico.
Jardín zen natural en Ordesa, Huesca.
Dice Adyashanti respecto a esto: “Demasiada gente abdica de ser responsable de sí misma. En la espiritualidad, demasiada gente quiere que alguien le diga qué hacer. Quieren que el maestro les diga: “Haz esto o no hagas eso. Medita tanto tiempo o tanto otro”. Si nos vemos atrapados en este hábito, podemos quedarnos en una especie de infancia espiritual. En un momento dado necesitamos crecer; necesitamos mirar dentro de nosotros y encontrar nuestro guía interior.”
Son muy esclarecedoras las palabras de Francis Lucille: Al progresar en el sendero espiritual, podemos darnos cuenta de que hemos superado enseñanzas queridas y provechosas al comienzo del camino. Ahora parecen insípidas y sin fragancia. O parecen limitantes y dogmáticas, aunque eran exactamente lo que necesitábamos en el momento en que elegimos seguirlas. Cuando sucede esto tenemos que recordar que nuestra lealtad suprema es para con la verdad, no con un maestro o una organización. Siempre debemos obtener nuestras enseñanzas de la mejor fuente disponible, siguiendo en esto tanto nuestra inteligencia como el corazón. Los maestros espirituales no son esposos o  esposas celosos o, al menos, no deberían serlo.”

Jardín zen natural  en Noja, Santander.
Y es que, como me dijo en cierta ocasión una maestra zen, “la gente se ilumina incluso a pesar de los maestros zen”.
Para finalizar sólo deciros que, a pesar de todo esto que comparto, y aunque mi actitud ha cambiado por completo, yo no he abandonado la práctica del zen, porque creo que OTRO ZEN ES POSIBLE. Ama Samy también expresó esto al final de su libro: “El autoengaño y el error son nuestros constantes compañeros. La cura para ellos consiste en abrirnos a los demás y a otros grupos que piensen y opinen de forma diferente y entren a conversar y a colaborar con ellos.” (Por qué Bodhidharma vino de occidente. Pág.121).





9 de junio de 2013

MAESTROS ZEN: MITOS Y REALIDAD (IV). TONY PARSONS.

Tony Parsons desmonta todo esto con mucha claridad: “Aquellos que hacen proclamas de iluminación o que adoptan ciertas apariencias, simplemente no se han dado cuenta de su naturaleza paradójica y suponen la propiedad de un estado que imaginan que han logrado. Probablemente habrán tenido una profunda experiencia personal de algún tipo, pero esto no tiene absolutamente ninguna relación con la iluminación.
Estas gentes necesitan a menudo adoptar el papel de “maestros espirituales” o de “maestros iluminados” y atraen inevitablemente a aquellos que necesitan ser estudiantes o discípulos. Su enseñanza, enraizada todavía en el dualismo, promueve inevitablemente un cisma entre el “maestro” y aquellos que eligen seguir la enseñanza. Cuando los seguidores aumentan, el papel exclusivo del maestro necesita ser acentuado.

Uno de los síntomas habituales, cuando se ha adoptado tal papel, es la represión de cualquier admisión o signo de “debilidad humana”. Esta evitación crea habitualmente distancia entre el “maestro” y sus seguidores.
Como la especialización del “maestro” deviene cada vez más efectiva, y las demandas de los seguidores devienen cada vez más grandes, así, invariablemente, las enseñanzas devienen cada vez más oscuras y enrevesadas. A medida que la oscuridad de la enseñanza aumenta, el cisma se hace más ancho y muchos de los seguidores devienen a menudo más confusos y sumisos. El efecto habitual entre los afectados puede ser una adulación incuestionable, desilusión o un despertar y seguir buscando en otra parte.
Aquellos que han comprendido y abrazado plenamente la iluminación no tienen absolutamente nada que vender. Cuando comparten su comprensión, no necesitan embellecerse a sí mismos o lo que comparten. Tampoco tienen ningún interés en ser madres, padres o maestros.
La exclusividad engendra exclusivismo, pero la libertad se comparte a través de la amistad.

6 de mayo de 2013

MAESTROS ZEN: MITOS Y REALIDAD (III). ECKHART TOLLE. ADYASHANTI.

Todos los títulos, sea el de catedrático, juez, doctor, teólogo, director de algo, psicólogo, en cuanto al ego se refiere, son peligrosos, pero el de maestro zen lo es todavía más, si cabe. Suele suceder que tras largos años de arduo esfuerzo, de innumerables retiros, muchas identidades de quien va detrás del título han quedado en el camino, pero una vez conseguido una nueva identidad va a tomar el relevo de todas las anteriores, un nuevo personaje aparece en escena, el de maestro zen, que requiere un singular atrezzo: un monasterio o un zendo, discípulos, donaciones, jerarquías, profesionalización del zen, autoridad, verticalidad, sucesores; y también normas, creencias, hábitos, ceremonias, rituales,… Y es que como el despertar de sus estudiantes se retrasa, empieza a ser sustituido por sucedáneos.


 De todo esto ya avisa Eckhart Tolle: “Tampoco debes depender de un profesor o maestro, excepto durante un periodo de transición, mientras aprendes el significado y la práctica de la presencia.”

A veces, visto lo sucedido con algunos maestros, me da por pensar que eso de lograr el “título” de maestro zen puede ser una forma como otra cualquiera, eso sí, muy elaborada, de conseguir ser el centro de atención y de encaramarse en un pedestal desde el que imponer su voluntad a los demás. Allí viven en su burbuja, relacionándose con los demás de maestro a discípulo, comunicándose mediante monólogos, desconectados de la realidad de la gente y de la vida normal. Esos maestros con sus adivinanzas zen, sus frases enigmáticas, sus viejas historias de los maestros de la antigüedad, se dedican a “marear la perdiz”. Viven de glorias pasadas. Siempre andan contando viejas historias de los grandes maestros zen de la antigüedad, pero ellos carecen de los recursos para ayudar a la gente a despertar, que sí tenían esos grandes maestros de la antigüedad de los que tanto hablan.
Supongo que por estas cosas advierte Adyashanti: Si quieres un maestro perfecto, elige uno muerto.

Pero para que alguien pueda sentirse superior también debe de haber alguien que se sienta inferior, y este papel lo desempeñan los adeptos, los dependientes. Ya lo dice Eckhart Tolle: “Siempre que te sientas superior o inferior, es el ego”.


Y Adyashanti: “Si tienes una sensación de superioridad, has de saber esto: ésa no es la visión del verdadero despertar. Ésa es la visión de un ego que se aferra al despertar y finge estar despierto.”

Tampoco estoy diciendo que esto sea siempre así, por supuesto que sigue habiendo buenos maestros zen, aquí cito a algunos de ellos, pero es una tentación que está ahí, en la que muchos caen. En cualquier caso, lo habitual es que en los maestros convivan la luz y la sombra, como le sucede a todo el mundo.


Dice Adyashanti: “La verdad no es una propiedad privada. Nadie es dueño de ella y nadie tiene más de ella que otra persona. Es un regalo igualitario.”



15 de abril de 2013

MAESTROS ZEN: MITOS Y REALIDAD (II). ADYASHANTI.

¿De quién diríamos que es un buen maestro? ¿Diríamos de alguien que es un buen maestro de inglés si de sus, pongamos, cincuenta alumnos apenas unos pocos aprenden, más o menos correctamente, a hablar inglés? ¿Diríamos de un maestro zen que es un buen maestro si sólo unos pocos de sus numerosos discípulos, después de muchos años de práctica, han tenido una experiencia de despertar verdaderamente transformadora y duradera? Y cuando esto pasa, yo me pregunto, ¿por qué no lo reconocen, por qué ninguno lo deja?
Se dice que el zen pertenece a la corriente del Mahayana, el gran vehículo, pero en la realidad, a mi me parece que pertenece más bien al pequeño vehículo. Una enseñanza o una práctica espiritual, como el zen, que no es para todas las personas con inquietudes espirituales que se acercan a ella, no es que sea una mala enseñanza o un mala práctica, pero todavía no es del todo una buena enseñanza o una buena práctica. Le falta algo para serlo. Le falta que ayude a casi todas esas personas. Digo esto por la cantidad de gente que he visto pasar al cabo de los años por el zendo al que yo voy, que acude a una introducción al zen, y los pocos que continúan. Los maestros siempre lo justifican diciendo que el zen es muy exigente, para muy pocas personas. Siempre lo achacan a la falta de determinación del personal, pero nunca se plantean que algo le falte a la enseñanza o a que a ellos les falten recursos o madurez espiritual. Siempre son los demás. Parece que su único recurso sea el zazen y más zazen. Así que ¿dónde está pues el gran vehículo? “Gran fe, gran duda, gran determinación”, esta es la tradicional recomendación de los maestros zen para alcanzar el despertar. No sé, a mi me suena esto muy marcial, muy tremendista, muy voluntarioso. Yo, en sintonía con Adyashanti, me quedo con la sinceridad, porque como él dice: “Si eres sincero, tu sinceridad se convertirá en una fuerza realmente poderosa en tu vida. Y si no lo eres, la postura y todo lo demás realmente no tendrán mucho efecto.”
Lo que sucede en muchas shangas, o grupos de practicantes zen, es como un edificio que siempre se está construyendo y destruyendo a la vez. Cuando se ha conseguido levantar una pared, cuando parece haber un grupo más o menos estable de practicantes, y se empieza con la de enfrente, y aparecen practicantes nuevos, la anterior comienza a derrumbarse, los antiguos practicantes empiezan a desaparecer, y así sucesivamente.


Dice Adyashanti: “No podemos llegar a la iluminación arropados en los faldones de un maestro iluminado; no funciona así. Intentar hacer eso nos ciega; significa que no queremos pensar por nosotros mismos, que no queremos examinar las cosas por nosotros mismos. Cuando hacemos ciegamente lo que se nos dice -seguimos ciegamente una enseñanza sólo porque es antigua o reverenciada- acabamos justamente con lo que estábamos pidiendo: ceguera.”

1 de abril de 2013

MAESTROS ZEN: MITOS Y REALIDAD (I). AMA SAMY.

Muchos son los libros que se han publicado en España dedicados al zen. En  la mayoría se cuentan historias de los antiguos maestros. Yo habré leído un centenar.  Conforme se retrocede en el tiempo hasta llegar a los grandes maestros chinos de los comienzos del zen, nos encontramos con aquellos maestros legendarios, que con una palabra o un gesto llevaban al discípulo al despertar. La cosa cambia cuando nos aproximamos a la época actual, como con los maestros japoneses de los años 30 y 40, que en su inmensa mayoría apoyaron el fascismo japonés, algunos con entusiasmo. O más recientemente, en Estados Unidos, con los maestros que han protagonizado sonados escándalos. Alguno de ellos ha llegado incluso a ser expulsado de la shanga por los miembros de su propia shanga. Pero pocos son los libros que muestran la cara b de los maestros zen.

 El mito en occidente de los maestros zen se ha construido a base de ocultar la cara b de los maestros zen. Daisetz Teitaro Suzuki publicó bastantes libros sobre budismo zen y se hizo muy famoso en los años 60 por darlo a conocer en occidente. En ninguno de ellos menciono esta cara b.Y es que son contados los libros que tratan de zen que la mencionan. Como por ejemplo, “Experiencias de un estudiante zen de patitas en la calle”, de Janwillen van de Wetering; “¿Por qué Bodhidharma vino a occidente?”, de Ama Samy; “Zen ambivalente”, de Laurence Shainberg; “El zen de la calle”, de David Schneider; “El Río del Dragón de Nueve Cabezas”, de Meter Matthiessen y “Zen y guerra”, de Brian Victoria, el libro que más ha contribuido a destapar la cara b oculta del zen, que no se ha publicado en español. Por eso, cuando conoces personalmente a un maestro zen y un día te muestra su cara b, que la tiene en mayor o menor grado como todo el mundo, pero que en ellos te choca más porque crees que con su despertar ha desaparecido, es algo tan inesperado y causa tal decepción, que el mito se derrumba y más de uno abandona la práctica del zen.

En dos ocasiones he asistido al nombramiento de un maestro zen por parte de Ana María Schlüter. La fórmula que empleó, creo recordar, fue aproximadamente la siguiente: “Y te nombro maestro zen por haber atravesado los 700 koans preceptivos en nuestra escuela” (La Sambô Kyôdan, que integra soto y rinzai). En ningún momento mencionó que nombrara maestro a esa persona por su profundo despertar y por su demostrada capacidad para ayudar a despertar a otras personas. Y, según esto, yo me pregunto: ¿Garantiza el título de maestro zen que esa persona tiene un profundo despertar y una demostrada capacidad para ayudar a despertar a otras personas?  No sé, a mi me parece que son cosas que no necesariamente van unidas. 

Esto ya lo dice Ama Samy, maestro zen indú que también pertenece a la misma escuela que Ana María: “La sistematización del entrenamiento a través de koans revitalizó al zen rinzai, pero a la vez destruyó su originalidad y creatividad. Ahora los monjes rinzai atraviesan cientos y cientos de koans con respuestas fijas de antemano. Es un entrenamiento que cultiva una espontaneidad estudiada. Se ha transformado en su mayor parte en una representación aprendida y en una imitación sin Despertar. Las respuestas “correctas” a los koans se han convertido en el dogma del zen rinzai de la misma forma que los rituales y maneras “correctas” configuran el del zen soto. Eso es lo que le ha sucedido al zen institucional japonés. Hay un exceso de autoritarismo y de institucionalización así como un rigor rayano en el sadismo.
El enfoque rinzai moderno tan solo parece alentar en los estudiantes viajes egóticos, dramatismo y la elaboración de historias, y puede conducir a una compulsión por alcanzar logros y dar la talla o provocar ciclos e ilusiones maníaco-depresivos” (Ama Samy. Por qué Bodhidharma vino de occidente. Pág. 52, 54, 55).