9 de junio de 2024

ITTETSU NEMOTO, EL SACERDOTE ZEN JAPONÉS QUE AYUDA A ENCONTRAR EL SENTIDO A LA VIDA A POTENCIALES SUICIDAS (II). ENTREVISTA.

Los sacerdotes budistas en Japón siempre han tratado de cerca la muerte.
Son los oficiantes en los funerales de la mayoría de la población y los consejeros de los afligidos. Sin embargo, pocos sacerdotes se han ocupado de enfrentar el suicidio. Ittetsu Nemoto es una excepción. “Si un camino conduce al suicidio, quiero hacer todo lo posible para llevar a las personas en la dirección opuesta”, dice Nemoto.     

¿Cómo te involucraste en la prevención del suicidio y el trabajo de consejería?  
Hay personas a nuestro alrededor que tienen problemas, ¿verdad? No puedo simplemente ignorarlos. No tiene nada que ver con que yo sea un monje. Creo que es un sentimiento que tiene todo el ser humano, el deseo de ayudar a las personas que se encuentran.  Pero la mayoría de nosotros, incluido yo mismo, los ignoramos, a menos que sean nuestros amigos o familiares. Mi tío se suicidó, igual que varios de mis amigos. El suicidio es muy difícil. El asesino y el asesinado son la misma persona, así que no sabes qué hacer con eso. No sabes hacia dónde dirigir tu ira. La herida permanece contigo durante mucho tiempo. Sentí un deseo muy fuerte de entender por qué sucede este tipo de cosas.  Todavía lo hago ¿Por qué una persona deja de poder vivir? 

¿Alguien a quién le aconsejaste que se suicidara? 

Si.

Imagino que eso daría mucho miedo y crearía mucha presión. En esa situación, ¿sienten que le ha fallado a la persona? No creo que el fracaso exista en este contexto. He hablado con muchas personas suicidas, más de 5000, pero solo una se ha suicidado, que yo sepa, aunque perdí el contacto con otras.  Generalmente cuando hay un suicidio en todo el mundo se trata de ocultarlo. Dirán que la persona murió en un accidente. Algunas familias no celebran funerales por una persona que se suicidó y todos tratan de suprimir los recuerdos. Si un padre se suicida, a los niños les preocupa no poder casarse o conseguir un trabajo. Lo ocultan, y por eso no son capaces de hablar de su dolor o tristeza. 
No hay lugar para que las personas piensen juntas sobre esos temas. Las personas suicidas también evitan hablar de sus sentimientos porque no quieren causar problemas a sus seres queridos.

Estás tratando de hacer todo lo posible para prevenir el suicidio, pero ¿crees que la gente tiene derecho a elegir la muerte? ¿Es algo inherentemente negativo?  
Quiero evitar decir que el suicidio es malo o incorrecto. ¿Ese mensaje realmente llega a la gente? Prefiero centrarme en preguntar por qué la gente piensa que suicidarse es la mejor opción. ¿De dónde viene ese sufrimiento? ¿Por qué sufrimos? ¿Qué hay en la raíz? ¿Dónde empezó? Cuando vemos las respuestas a esas preguntas, nuestro sufrimiento, que ha surgido del vacío, vuelve al vacío. 
 
Esos conceptos parecen encajar naturalmente con la prevención del suicidio.
Pero, ¿no es necesario abordar las raíces del sufrimiento que existen en el mundo exterior?
Normalmente pienso en los monjes zen simplemente sentados y meditando, en busca de la autocomprensión. Creo que ambos son necesarios. 

¿Piensas de la misma manera en las personas suicidas a las que les aconsejas? 
Creo que estamos entrenando juntos. A veces soy el maestro y a veces el alumno. Somos compañeros en la búsqueda de la felicidad. Le digo a la gente que si están en una situación realmente difícil, no pueden quedarse allí. Eso puede ser diferente de la forma de pensar Zen, pero si estás en un lugar donde abusan de ti todos los días, o en un lugar que realmente no es adecuado para ti, está bien que te vayas. 
Me interesa mucho esta posibilidad: que las cosas que han estado teniendo hasta cierto momento puedan cambiar en un instante a una nueva forma de pensar. En el curso de mi consejería, veo llenarse de energía a personas que hace apenas unas horas parecían al borde de la muerte. 
 
Pero estás participando muy activamente con la comunidad. ¿Es este un rol tradicional para un monje zen en Japón, o es una nueva forma de pensar sobre su rol?
Durante nuestro entrenamiento, cortamos nuestros lazos con el mundo exterior para mirar intensamente hacia adentro. Algunas personas encajarán en esta formación durante años con el objetivo de convertirse en maestros zen, mientras que muchos más se convertirán en sacerdotes en templos budistas, como yo. Como sacerdotes, estamos involucrados en la consejería de duelo, lidiando con los problemas del espíritu humano. No hay gran diferencia entre estas dos formas de entrenamiento.
 
Artículo (resumido) de Winifred Bird, publicado en la revista budista Tricycle. https://tricycle.org/magazine/ittetsu-nemoto/

Ittetsu Nemoto es un sacerdote budista zen realmente comprometido.
Y su forma de llevar a la práctica sus compromisos es muy original, nada rígido, abierto. Por ejemplo, cuando practica zazen con las personas a las que ayuda, todos se sientan en círculo, no en fila cara a la pared. Este detalle me ha gustado. Es una forma
más comunitaria y acogedora de practicar la meditación. También a veces se sienta sobre una piedra en un bosque, para conectarse con la quietud, el silencio y la belleza de la naturaleza. También él, cuando medita solo, no siempre lo hace en el templo. A veces su zazen es junto al mar o en el bosque.

El ritual de la muerte: 

ITTETSU NEMOTO, EL SACERDOTE ZEN JAPONÉS QUE AYUDA A ENCONTRAR EL SENTIDO DE LA VIDA A POTENCIALES SUICIDAS (I). LA SALIDA. DOCUMENTAL. 
https://zenyadvaita.blogspot.com/2022/03/ittetsu-nemoto-el-sacerdote-zen-japones.html



 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

19 de mayo de 2024

LA ESCUCHA. PABLO D’ORS.

Aprender a escuchar y a mirar.
Esa es la meditación.

Escuchar es acoger lo que el otro te dice sin cargarlo intelectualmente ni emocionalmente.

No podemos escuchar a los demás si no nos escuchamos a nosotros mismos.  

La contemplación es entrar en el propio templo.

Si quieres escuchar a alguien no tienes que tener ninguna pretensión personal. Tu escucha tiene que ser gratis.

El mejor servicio que podemos prestarle al otro es ayudar a creer en sí mismo.

Para eso sirve la practica del silencio, para llegar a tu fondo y poder creer en ti mismo.

Solamente si conoces tu fondo conoces el fondo del otro, porque en el fondo todos nos encontramos. Y si tú has visto que tu fondo es bueno viendo estás que el fondo del otro es bueno.

Lo que hace un diálogo espiritual constructivo son los silencios. 

Sin silencio no hay espiritualidad. Hasta el punto de que podemos decir que la espiritualidad es silencio.

Un diálogo consiste en caminar juntos hacia la verdad. La verdad no es una idea, la verdad es un acontecimiento interpersonal. La verdad es lo que sucede cuando dos personas dialogan y se escuchan de verdad.

Conferencia de Pablo d'Ors. Los tres ejes que nos anclan en el presente y nos ayudan a escuchar: 
https://www.youtube.com/watch?v=MrNCuRgsABI

5 de mayo de 2024

MÁS ALLÁ DEL SATORI. DAIDO SHUGEN.

Acabo de terminar de leer “Más allá del Satori”, de Daido, que me ha atrapado desde el mismo comienzo y que he descubierto hace poco en el Foro de Budismo. Se publicó en el 2014, pero yo he tardado nada menos que diez años en descubrirlo. Hacía mucho tiempo que no leía un libro sobre el zen tan vivencial, sincero y honesto. En su día leí muchos libros de zen, pero en la actualidad tiene que tratarse de un libro muy especial para que me atraiga y lo lea, y así ha sido con este libro. Una verdadera joya.
Algunas frases del libro que más me ha llegado:

“Trabajaba en completa absorción, llevando escombros hasta el lugar destinado para ello, y de pronto, me vi mirando cara a cara a un perro. ¿Qué tenía aquel perro en particular? Nada. Y sin embargo, fue como encontrarme cara a cara con el mismo Dios. El perro y yo nos miramos con ojos transparentes, como si ambos nos conociésemos. El perro y yo, yo y el perro, parecíamos uno. Es todo cuanto puedo decir. Y de pronto al mirar el jardín… ¡No podía dar crédito a tanta belleza! Miraba la hierba mojada, los árboles, las nubes… pero en mi mente no había conceptos de hierba, árboles ni nubes. Era lo que era. 
 
Zendo Betania. Brihuega.
Pasar un koan (el Mu, por ejemplo) no es un logro personal. Nadie pasa el koan. Nadie se ilumina. Nadie sabe cuándo, ni por qué.


Pasados ​​tres días después del sesshin, llegué a pensar que aquella sería mi nueva forma de vida, pero no fue así. La energía bajó considerablemente, y el ego reapareció. Me fui a hacer zazen con la esperanza de que la energía volviera, pero no volvió. 

¿Dónde se fue todo eso? ¿Por qué tras esas experiencias, todo vuelve a la “normalidad”? No soy el primero que se lo pregunta, por supuesto. 

He conocido a varias personas que parecían haber vivido con el amado, sin que éste se hubiera escondido. Una de ellas era un lama tibetano (lama Gendum), otra era un roshi japonés (Roshi Sama), y la tercera era una maestra zen americana (Geshin Roshi). El resto de los maestros con los que he tenido contacto directo, no estaban con el amado. Lo conocían, desde luego, pero el amado se les había ido, como a mí (esa es al menos mi impresión). Eran sin embargo honestos y llevaban una vida volcada a los demás. Eran maestros, no mentirosos que fingen ser lo que no son. 

Bukkoku Ji
No sirve de nada pasar este koan (“cada día es un día bueno”) en un dokusan (entrevista personal con el maestro). La respuesta no es difícil. Pero pasar el koan en el dokusan,
no es resolverlo. Se resuelve en la vida diaria, no una vez sino, una detrás de otra. 
 
Hay algo que tengo muy claro, y es que, para practicar el Zen, la vida de una persona debe estar precedida por una fuerte carga de sufrimiento, pero además, el sufrimiento debe ser reconocido y aceptado.

Lo cierto es que al ego le encanta dar conferencias sobre el Zen, cuando se ve como un ego “realizado”, así que puede hablar durante horas y horas.

El olor del Satori puede durar años y años. Al principio es horroroso para los demás. Un olor que no se aguanta. - Eso apesta a zen, decía Kiun An (Ana María Schlüter) a veces. - Y tenía razón. 

En uno de mis viajes a Japón, pasé algunas semanas en un monasterio Rinzai llamado Shogen Ji. Todos los residentes eran occidentales (excepto el Abad, y una monja china), y los residentes no hacían más que hablar y discutir sobre zen. Constantemente sacaban a relucir sus experiencias, y buscaban la confrontación con cualquiera que llegaba. 

Ahora que ya estoy retirado, paso mucho tiempo en mi cabaña del Pirineo. Lo abandoné todo. Mi pasado no existe. No tengo tampoco futuro. Miro el bosque y los prados frente a mí, y no hay nada más. No tengo maestro, ni tengo discípulos. Y me siento bien. Por eso escribo. 

Hoy sé que no habrá más satori para mí. La experiencia asombrosa que viví en aquel sesshin, no volverá jamás. 

Un maestro ha debido tener la iluminación en algún momento (si no, no sería maestro). Pero también carga con un ego. A estas alturas solo estoy seguro de una cosa: el ego nunca desaparece, así que aprender a vivir con él, sin que cause daño, es más importante que pretender liberarse de él. Si una persona iluminada puede mantener opiniones fanáticas y tener puntos de vista estrechos, debemos ser cautos al ponernos en sus manos (no importa cuántos koans haya pasado, o cuántos títulos posea). 

Era siempre la misma situación: una cosa era estar en sesshin, otra muy distinta estar en la vida cotidiana. ¿Por qué desaparecía esa sensación de bienestar que se produce, cuando se sale del sesshin? Esa sensación es la que se evapora, con el tiempo, una vez que uno deja atrás el sesshin, y es lo que produce una enorme frustración. 

El aquí y ahora, es siempre un aquí y ahora fresco. No importa lo que sea, el camino está aquí delante, no en las hermosas experiencias del pasado. El satori no es algo que se ha tenido. El satori sucede ahora. 

Creo que en Bukkoku Ji llegué realmente a la meta, y por eso, no seguí buscando más. No volví a hacer sesshin, ni volví a Japón nunca más. ¿Pero qué es la meta? La meta es algo tan sencillo, como vivir de cara al bosque, con los sonidos de la naturaleza. No es nada especial, realmente. 

Tangen Harada Roshi
Un día se nos dijo a tres personas que teníamos la posibilidad de asistir a una ceremonia de Jukai privada con Roshi Sama. En la ceremonia de Jukai, el maestro pone nombre al discípulo. Jukai son los diez preceptos. Entramos en la sala de dokusan, y allí estaba el Roshi esperándonos para la ceremonia, con los tres rakutsus, uno para cada uno de nosotros. Cuando miro mi rakutsu, veo en efecto una bella caligrafía en el reverso, de gran nitidez y perfección. En ella aparece mi nombre budista: Dai Do Shu Gen. Viene a significar Gran Camino de la Práctica del Dharma. Junto con las caligrafías, se nos hizo entrega de un sobre cerrado (que llevaba nuestro nombre), el cuál es la transmisión del Dharma. Por tanto, los tres recibimos la transmisión.


Cuando le comenté a Tangen Harada Roshi sobre la posibilidad de formar un grupo de zen, al volver a España, me lo quitó de la cabeza. “Demasiado joven”, me dijo (¡tenía 54 años!). Por tanto la transmisión termina conmigo y no dejaré herederos dharma, pueden estar tranquilos. 

Todos somos navegantes solitarios, a la postre, pero no estamos solos. Todos seguimos el único camino. No estamos nunca solos. El Universo entero está con nosotros”. 



Más allá del Satori, de Miguel Ángel León Abarca (Daido Shugen). Amazonas:
https://www.amazon.es/all%C3%A1-Satori-Miguel-Angel-Abarca-ebook/dp/B00HTOXUES